DESARROLLO SOSTENIBLE, REDUCCIÓN DE DESIGUALDADES Y
EDUCACIÓN DESDE UN ENFOQUE DE GÉNERO
SUSTAINABLE DEVELOPMENT, REDUCTION OF INEQUALITIES AND
EDUCATION FROM A GENDER PERSPECTIVE
Rodríguez Loáisiga, Kevin*1; Cardoza Mejía, Nathalie*2;
Molina Chávez, Sharon*3;
*Universidad Católica Redemptoris Mater, Nicaragua
1Dirección de Investigación, Email: cinvestigación@unica.edu.ni ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6322-6494
2Ciencias Económicas y Administrativas, Email: desarrolloprofesional@unica.edu.ni ORCID: https://orcid.org/0000-0002-1366-977X
3Ciencias Jurídicas y Sociales, Email: smolina5@unica.edu.ni ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3237-7366
DOI: https://doi.org/10.5377/aes.v4i2.16529
Recibido 11/06/22 Aceptado 24/02/23
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Autor por correspondencia: cinvestigación@unica.edu.ni (Rodríguez Loáisiga, Kevin)
Forma sugerida de citación: Rodríguez, K., Cardoza, N., y Molina, Sh. (2023 Desarrollo sostenible, reducción de desigualdades y
educación desde un enfoque de género. Apuntes de Economía y Sociedad, 4(2), 34-47. https://doi.org/10.5377/aes.v4i2.16529
Copyright © Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, León (UNAN-León)
Conflicto de intereses: Los autores han declarado que no existen ningún conflicto de interés.
Resumen
El presente artículo aborda la problemática de la
desigualdad de género, y como el desarrollo de procesos
educativos representa un mecanismo clave para
transformar las dinámicas sociales que provocan este
fenómeno. El estudio, de carácter cualitativo y se realizó en
dos fases. Primeramente, se llevaron a cabo dos grupos
focales, uno con mujeres y otro con hombres, estudiantes
de tercero o cuarto año de la Facultad de Ciencias Jurídicas
y Sociales de la Universidad Católica Redemptoris Mater,
Nicaragua, para identificar necesidades de capacitación en
la comunidad. En la segunda fase, se entrevistó a
especialistas y facilitadores que han brindado cursos en la
materia, para recoger buenas prácticas y experiencias que
sirvieran de base para proponer contenidos para el diseño
de un curso de posgrado. Los resultados demuestran una
alta aceptación de parte de las personas consultadas.
Adicionalmente, se evidencia la importancia de abordar
aspectos históricos para sentar las bases teóricas en torno al
tema, elementos sobre la violencia de género y sus
diferentes manifestaciones, las relaciones de poder en el
contexto social actual. Finalmente, se concluyó necesario
incluir una unidad enfocada en los Objetivos de Desarrollo
Sostenible como marco de referencia mundial, así como el
tema de liderazgo para dotar de herramientas prácticas a los
potenciales participantes del curso.
Palabras claves: educación, genero, igualdad, desarrollo
sostenible, liderazgo.
Abstract
The present article studies the problem of gender
inequality, and how the development of educational
processes represents a key mechanism to transform the
social dynamics that cause this phenomenon. This
qualitative study was carried out in two phases. First, two
focus groups were formed, one with women and one with
men, with students of the third or fourth year of the Faculty
of Law and Social Sciences of the Catholic University
Redemptoris Mater, Nicaragua, to identify training needs
in the community. In the second phase, specialists and
facilitators who have taught courses on the subject were
interviewed to gather good practices and experiences that
would serve as a basis to suggest contents for the design of
a postgraduate course. The results show a high level of
acceptance of the people consulted. In addition, it is evident
the importance of studying the historical aspects to lay the
theoretical foundations on the subject, elements on gender
violence and the different manifestations, and power
relations in the current social context. Finally, it was
necessary to include a unit focused on the Sustainable
Development Goals as a global reference framework, as
well as the topic of leadership to provide practical tools to
potential participants of the course.
Keywords: education, gender, equality, sustainable
development, leadership.
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Apuntes de Economía y Sociedad N.º 4 (2) número especial / 34-47/ ISSN: 2709 - 7005
I- Introducción
Las mujeres y las niñas conforman la mitad de la población global y por lo tanto, poseen la mitad de su potencial. No obstante,
aún persiste desigualdad de género en todo el mundo, lo que resulta en un bajo nivel de desarrollo. A pesar de que se han
logrado avances significativos a nivel global en la igualdad de género gracias a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODS),
la violencia y la discriminación continúan existiendo en distintos países del mundo. Para abordar este problema, la educación
es una herramienta clave, ya que permite a las personas salir del ciclo de la pobreza y contribuir a reducir las desigualdades.
Promover la igualdad de acceso a la educación, la atención médica, el empleo decente y la participación en los procesos
políticos y económicos para mujeres y niñas, puede impulsar el desarrollo humano integral y sostenible de una economía.
Además, es importante establecer nuevas leyes que aborden la discriminación en todas sus formas en el lugar de trabajo. La
igualdad de género es un derecho humano fundamental y es vital para construir una sociedad saludable. La promoción de una
educación inclusiva es fundamental para reducir la pobreza a largo plazo y debe ser abordada como un problema universal.
En este sentido, la presente investigación tiene por objetivo evaluar la percepción y experiencias de la comunidad universitaria
de la Universidad Católica Redemptoris Mater UNICA, especialmente en el estudiantado de grado y docentes que han
facilitado talleres y asignaturas en materia de género, para diseñar un curso de formación continua integral, que aborde tanto
el Desarrollo Sostenible como la reducción de desigualdades desde un enfoque de género. Lo anterior es de suma importancia
para empoderar a la comunidad, pero principalmente, para impulsar a jóvenes a ser agentes de cambio que logren transformar
sus entornos sociales y laborales.
En la primera parte del artículo, se abordan cuestiones teóricas en torno a tres puntos clave que sirven de base para la
investigación; concepciones y teorías desde la perspectiva de género, tipos de violencia y aspectos sociales, y liderazgo y
desarrollo desde un enfoque de género. En la segunda parte se explica el diseño metodológico seguido para el levantamiento
de información con los estudiantes y facilitadores de UNICA, así como una breve descripción de las dimensiones y
descriptores que formaron parte de los instrumentos aplicados.
Finalmente, en la última sección se presentan los principales hallazgos que resultan en la propuesta de contenidos y
metodología para el curso a desarrollar, conclusiones generales, y recomendaciones para futuras investigaciones enfocadas
en la validación de los temas propuestos, y la creación de cursos de posgrado en materia de desarrollo sostenible e igualdad
de género.
II- Planteamiento Teórico
Las relaciones desiguales de poder sustentada y justificada por el sistema patriarcal generan desigualdad, discriminación,
subordinación y violencia. Las personas y particularmente las mujeres han vivido y sufrido esta desigualdad, lo que no le ha
permitido desarrollarse en igualdad de condiciones con el hombre en los diferentes ámbitos de la sociedad.
Igualdad de género y relaciones de poder
En el campo filosófico, hasta la década de 1970, se concebían dos grandes representaciones de lo que era el poder; la primera
más propia de la filosofía marxista, como una fuerza represiva, manteniendo la división de clases sociales y la producción del
sistema capitalista, la otra, ligada a la filosofía liberal, considerada como un derecho que los ciudadanos tenían y que podían
delegarlo al Estado por medio del contrato social, evidenciado en sufragio electoral.
Para Foucault (2002), uno de los filósofos más representativos del siglo XX, el poder es aquello que se ejerce sobre las cosas
y tiene la habilidad para modificarlas, pero, su característica principal es que condiciona las relaciones entre los individuos.
Para este autor, el poder está presente en la vida cotidiana, no solamente cuando el Estado lo ejerce por medio de las leyes.
Este se manifiesta en cada vinculo que se ejerce entre las personas, como, por ejemplo; padres e hijos, docente y alumnos,
médico y paciente. Así mismo, nos da elementos suficientes para interpretar que el poder influye en las relaciones cotidianas
de las personas, manifestándose en cada vinculo, en la familia, en la escuela, en el trabajo o sea en todos los ámbitos de la
vida de los seres humanos. El poder está presente en todos los ámbitos de la vida de los seres humanos impregnando las
relaciones entre los géneros, pero también la condiciona, la normativiza y la jerarquiza. Toda esta gama se da por esa
construcción de los géneros desde el sistema patriarcal que garantiza que se perpetúen esas relaciones desiguales de poder.
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Desde la perspectiva de género, el poder se ve modificado según la cultura y los valores sociales que prevalecen en el contexto
donde se desarrollan estas relaciones, en muchos casos provocando desigualdades e inequidades que afectan directamente la
participación y empoderamiento social de las mujeres. Estas relaciones desiguales, se han fomentado históricamente desde el
sistema de creencias patriarcal, donde la figura del hombre goza de ventajas en el ámbito laboral, recreativo y político.
El género como palabra es usado por primera vez en 1955 por el psicólogo John Money, con el fin de describir los
comportamientos que son asignados socialmente a los hombres y a las mujeres. No obstante, existieron hechos históricos que
impulsaron a pensadoras a cuestionar la desigualdad existente entre hombres y mujeres, donde a través de sus reflexiones
pretendían explicar la situación mayoritaria de subordinación y de desconocimiento de derechos que sufrían las mujeres.
(León Rodríguez, 2015).
Durante la Revolución Francesa, se promulgó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789, que
establecía los derechos fundamentales de los ciudadanos franceses y de todos los hombres. Sin embargo, esta declaración no
incluyó los derechos de las mujeres. En 1791, Olympe de Gouges redactó la Declaración de los derechos de las mujeres y la
ciudadanía, en la que afirmaba que las mujeres nacen libres e iguales en derechos que los hombres. Esta declaración permitió
que las mujeres fueran reconocidas en la historia de los derechos humanos (Varela, 2019).
Al mismo tiempo en Inglaterra, Mary Wollstonecraft a través de su escrito La vindicación de los derechos de la mujer, propone
la discusión sobre la ética basada en la educación de las mujeres, que les permite desenvolverse como seres racionales y en
igual posición que el hombre. Por su parte, Simone de Beauvoir publica en 1949 El segundo sexo, aproximándose al
concepto de género a través de sus apreciaciones, abriendo interés en la indagación sobre la interpretación del problema de la
igualdad y diferencia entre los sexos (Varela, 2019).
De esta manera, y a través de estos acontecimientos, se empieza a dar reconocimiento al movimiento feminista, que se
preocupa por cuestionar, explicar y evidenciar las desigualdades, permitiendo la apertura del debate a largo plazo sobre género.
De la Campa y Coello Cremades (2016) definen el término como el conjunto de símbolos, prácticas, representaciones,
características, roles, actitudes, comportamientos, normas y valores atribuidos social y culturalmente a mujeres y hombres.
La perspectiva de género implica examinar cómo una situación o acción afecta de manera diferente a mujeres y hombres,
considerando sus distintas condiciones jurídicas y sociales, roles y responsabilidades, y los beneficios y desventajas que
pueden surgir de ello. Se trata de una revisión y reinterpretación de la historia, la sociedad, la cultura, la economía y la política.
En definitiva, para hablar de género es importante abordar el tema desde el principio de la igualdad, mismo que es define en
la Declaración Universal de Derechos Humanos: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y,
dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros (Asamblea General de
la ONU, 1948, Art. I).
Es un compromiso universal de la comunidad internacional asegurar la igualdad de género en todo el mundo, como se
reconoce en los textos nacionales e internacionales de derechos humanos. Se necesita incorporar la perspectiva de género en
los programas de desarrollo para garantizar los derechos humanos de hombres y mujeres, como el derecho a la educación, la
salud, la vivienda, el trabajo, la igualdad ante la ley, la integridad física, la libertad de expresión, de movimiento y la
participación política. La promoción de estos derechos es esencial para el desarrollo humano.
Violencia desde la perspectiva de género
La violencia hacia la mujer existe desde tiempos históricos muy antiguos y ha sido justificado desde el discurso argumentando
que la mujer es inferior al hombre esta idea fue creada, justificada y defendida desde el sistema patriarcal. La violencia ha
estado presente en la vida de la mujer en todas sus facetas de desarrollo. Por lo tanto, reconocerla es de suma importancia.
Se debe reconocer también como violencia la invisibilización de la mujer en el discurso y la ausencia en las ciencias, por
tanto, sin gozar de derechos, dicho de otra manera, ha padecido de violencia simbólica, ha estado expuesta a múltiples formas
de violencia incluso la más peligrosa o letal que es la muerte. Toda la violencia que ha sufrido la mujer a lo largo de la historia
ha estado justificada con el argumento que es inferior al hombre.
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En el o 1993 se celebró en Viena la Conferencia Mundial sobre los Derechos Humanos 45 años después de haber sido
elaborado el documento o Declaración de los Derechos Humanos en 1948, en este mismo momento se elaboró la relatoría
especial sobre la Violencia Contra la Mujer, reconociéndose de esta manera que la mujer debe vivir en un mundo sin violencia
así mismo el vivir sin violencia es un derecho humano.
En este sentido, los datos recopilados por ONU MUJERES plantea que una de cada siete mujeres ha experimentado violencia
física o sexual. (2022). Esta misma organización define en su Artículo I como violencia:
La violencia contra las mujeres y las niñas es una de las violaciones más generalizadas de los derechos humanos en el
mundo. Se producen muchos casos cada día en todos los rincones del planeta. Este tipo de violencia tiene graves
consecuencias físicas, económicas y psicológicas sobre las mujeres y las niñas, tanto a corto como a largo plazo, al
impedirles participar plenamente y en pie de igualdad en la sociedad (ONU MUJERES, 2022).
Por su parte, Rico (1996) define la violencia de género como todos los actos dañinos que van dirigidos contra una persona o
grupo de personas por razones de género, y que está altamente vinculada a la desigualdad como consecuencia de la distribución
del poder y a las relaciones asimétricas que se establecen en la sociedad, perpetuando la desvalorización de lo femenino y su
subordinación a lo masculino.
La organización Ayuda en Acción (2019) manifiesta que la violencia contra las mujeres puede producirse en cualquier tipo
de daño físico, psicológico o emocional, y se traduce en el maltrato verbal o físico en cualquier contexto. En definitiva, es de
suma importancia visibilizar la problemática de violencia de género y las variadas formas que adopta, con el fin de apoyar y
proteger a las víctimas a través de la implementación de estrategias preventivas que garanticen la protección ante todo tipo de
violencia, vinculando la participación de las instancias políticas, legislativas, judiciales y educativas, que posibiliten erradicar
este problema.
Es nuestro deber como academia abordar este tema desde varias líneas y abordando las diferentes manifestaciones de la
violencia con los diversos actores y actoras, el primero sería que la comunidad de docente haga suya el abordaje completo y
complejo del impacto que deja en la vida de los seres humanos el uso de la violencia. Otra de las acciones que se deben hacer
es abordar este tema con la comunidad estudiantil donde visionen nuevas formas de comportamiento no violentos y así ir
fomentando las relaciones de respeto e igualitarias. Otra situación que también estaríamos llamados a hacer es la realización
de procesos reflexivos con el personal no académicos que propicien relaciones más equitativas.
Liderazgo y desarrollo desde un enfoque de género
En términos generales, las mujeres siguen ganando en todo el mundo un 24% menos que los hombres en el mercado de trabajo
según datos de las Naciones Unidas Derechos Humanos (2015). Las desventajas en materia de acceso a la educación de
calidad se traducen en falta de capacitación y, por tanto, de oportunidades para las mujeres para acceder al mercado de trabajo.
Los estudios demuestran que, si bien las mujeres están bien representadas como mandos intermedios, su número desciende al
dar el salto a los cargos directivos del más alto nivel. Como resultado, las mujeres y las minorías sólo ocupan alrededor del
31% de los puestos en los consejos de administración de empresas Fortune 500 (Olson, 2017).
Uno de los grandes obstáculos a los que se enfrentan las mujeres a la hora de abordar esta brecha es la práctica de la
autopromoción, o la expresión de sus logros en un entorno laboral, según afirman Katty y Shipman (2014). Adicionalmente,
se cree que este es un problema de otros grupos infrarrepresentados, y es necesario abordarlo. Indudablemente, los beneficios
de la autopromoción, incluida la toma de control de cómo te perciben los demás, son significativas.
La percepción del rendimiento o competencia de los demás está alimentada, en parte, por construcciones de género. Estas
construcciones incluyen creer que las mujeres son menos competentes y, por tanto, es válido recompensar
desproporcionadamente a los hombres por sus ideas. A continuación, se presentan algunos resultados relevantes de
investigaciones que demuestran el problema de liderazgo femenino que persiste en el mercado laboral, y como afecta esta
desigualdad de acceso a oportunidades, en el desarrollo sostenible.
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En el estudio de Haynes y Heilman (2013) se concluyó que las mujeres tienden a infravalorar sus contribuciones en contextos
de colaboración. Las mujeres dan más crédito a sus compañeros de equipo y se atribuyen menos a mismas, sin embargo,
las mujeres no se infravaloran cuando su compañero de equipo es una mujer. En esta línea, el estudio de Cahn (2020) concluye
que los hombres se sienten mucho más cómodos con la autopromoción que las mujeres, analizando respuestas a la pregunta
¿Cuáles son tus puntos fuertes? durante entrevistas de trabajo. En general, el tipo de respuestas varia significativamente en
dependencia del sexo.
Los hombres y las mujeres tienen experiencias diferentes en cuanto a ascensos, salarios y oportunidades en el trabajo. Un
estudio realizado por la organización McKinsey&Company (2016) concluyó que las mujeres empiezan con las mismas ganas
de llegar a la cima que sus homólogos masculinos, pero las propias condiciones del trabajo las limitan. La percepción general
de las mujeres consultadas es de menos oportunidades profesionales que los hombres. Las mujeres no son recompensadas por
presionar para avanzar o recibir un salario más alto, sino que son percibidas como mandonas, prepotentes y abrasivas, mientras
que los hombres son percibidos como con alta iniciativa y proactividad por el mismo comportamiento.
Aunque los motivos de los prejuicios de género pueden ser inconscientes y sutiles, estos prejuicios siguen teniendo un efecto
grande y poderoso. El artículo Los inversores prefieren las empresas presentadas por hombres atractivos en su traducción
al español, afirma que las voces de los hombres se perciben como más persuasivas, basadas en hechos y lógicas que las de las
mujeres, incluso cuando leen textos idénticos (Brooks, Huang, Wood, & Murray, 2014).
Esto demuestra los sesgos que persisten frente a líderes femeninos poderosos. Los estereotipos sobre la capacidad natural de
la mujer para ser cariñosa y agradable (por encima de todo) están en contradicción con muchos de los atributos de liderazgo
necesarios para avanzar profesionalmente. Entre estos, actuar de forma competitiva, presionar a un equipo para que rinda,
mostrar un liderazgo decisivo y contundente, entre otros. Al violar las creencias sobre cómo son las mujeres, las mujeres de
éxito provocan el rechazo de los demás por ser insuficientemente femeninas y demasiado masculinas.
Esto guarda estrecha relación con implicaciones de la identidad, las cuales se definen como un sentimiento de pertenencia a
una categoría social, combinado con una opinión sobre cómo deben comportarse las personas que pertenecen a esa categoría.
Las desviaciones de estas normas se perciben como generadoras de costos y, por tanto, las personas tratan de evitarlas. Este
fenómeno genera importantes repercusiones más allá de las percepciones, ya que incide directamente en el crecimiento
profesional de las mujeres.
En otro estudio conducido en la universidad de Stanford por Correll y Simard (2016) tras un profundo análisis de evaluaciones
de rendimiento, señalan que, dado que las mujeres tenían menos probabilidades de estar representadas en proyectos técnicos
de gran visibilidad, también era menos probable que se considerara que tenían el tipo de habilidades más valoradas por los
líderes. Por su parte, un informe del Institute of Leadership & Management (2011) reveló que la mitad de las mujeres
encuestadas declararon tener dudas sobre su rendimiento laboral y su carrera, en comparación con un tercio de los hombres.
Evidentemente, todo lo mencionado hasta ahora se refleja en la brecha salarial entre hombres y mujeres, y por consiguiente
en el desarrollo sostenible. Según Corbett y Hill (2012), las mujeres creen que merecen menos, piden menos y negocian menos
en comparación con sus homólogos masculinos, y las discrepancias comienzan al principio de la carrera y continúan durante
toda la vida profesional. En su estudio demuestran, que un año después de la universidad, las mujeres ganan el 88% de lo que
ganan los hombres en ingeniería y el 77% de lo que ganan los hombres en informática y ciencias de la información. Además,
esta diferencia aumentará con el tiempo.
III- Metodología
Tipo de investigación
La presente investigación posee un enfoque cualitativo, ya que como afirma Piura (2012), trata de comprender la vida
cotidiana a través de la interpretación de experiencias personales, en este caso, estudiantes universitarios en torno a la temática
de género y desarrollo. Así mismo, esta clasificación responde a la naturaleza de la información recabada, a partir de grupos
focales y entrevistas con estudiantes y facilitadores, respectivamente.