Desde la perspectiva de género, el poder se ve modificado según la cultura y los valores sociales que prevalecen en el contexto
donde se desarrollan estas relaciones, en muchos casos provocando desigualdades e inequidades que afectan directamente la
participación y empoderamiento social de las mujeres. Estas relaciones desiguales, se han fomentado históricamente desde el
sistema de creencias patriarcal, donde la figura del hombre goza de ventajas en el ámbito laboral, recreativo y político.
El género como palabra es usado por primera vez en 1955 por el psicólogo John Money, con el fin de describir los
comportamientos que son asignados socialmente a los hombres y a las mujeres. No obstante, existieron hechos históricos que
impulsaron a pensadoras a cuestionar la desigualdad existente entre hombres y mujeres, donde a través de sus reflexiones
pretendían explicar la situación mayoritaria de subordinación y de desconocimiento de derechos que sufrían las mujeres.
(León Rodríguez, 2015).
Durante la Revolución Francesa, se promulgó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789, que
establecía los derechos fundamentales de los ciudadanos franceses y de todos los hombres. Sin embargo, esta declaración no
incluyó los derechos de las mujeres. En 1791, Olympe de Gouges redactó la Declaración de los derechos de las mujeres y la
ciudadanía, en la que afirmaba que las mujeres nacen libres e iguales en derechos que los hombres. Esta declaración permitió
que las mujeres fueran reconocidas en la historia de los derechos humanos (Varela, 2019).
Al mismo tiempo en Inglaterra, Mary Wollstonecraft a través de su escrito La vindicación de los derechos de la mujer, propone
la discusión sobre la ética basada en la educación de las mujeres, que les permite desenvolverse como seres racionales y en
igual posición que el hombre. Por su parte, Simone de Beauvoir publica en 1949 “El segundo sexo”, aproximándose al
concepto de género a través de sus apreciaciones, abriendo interés en la indagación sobre la interpretación del problema de la
igualdad y diferencia entre los sexos (Varela, 2019).
De esta manera, y a través de estos acontecimientos, se empieza a dar reconocimiento al movimiento feminista, que se
preocupa por cuestionar, explicar y evidenciar las desigualdades, permitiendo la apertura del debate a largo plazo sobre género.
De la Campa y Coello Cremades (2016) definen el término como el conjunto de símbolos, prácticas, representaciones,
características, roles, actitudes, comportamientos, normas y valores atribuidos social y culturalmente a mujeres y hombres.
La perspectiva de género implica examinar cómo una situación o acción afecta de manera diferente a mujeres y hombres,
considerando sus distintas condiciones jurídicas y sociales, roles y responsabilidades, y los beneficios y desventajas que
pueden surgir de ello. Se trata de una revisión y reinterpretación de la historia, la sociedad, la cultura, la economía y la política.
En definitiva, para hablar de género es importante abordar el tema desde el principio de la igualdad, mismo que es define en
la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y,
dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” (Asamblea General de
la ONU, 1948, Art. I).
Es un compromiso universal de la comunidad internacional asegurar la igualdad de género en todo el mundo, como se
reconoce en los textos nacionales e internacionales de derechos humanos. Se necesita incorporar la perspectiva de género en
los programas de desarrollo para garantizar los derechos humanos de hombres y mujeres, como el derecho a la educación, la
salud, la vivienda, el trabajo, la igualdad ante la ley, la integridad física, la libertad de expresión, de movimiento y la
participación política. La promoción de estos derechos es esencial para el desarrollo humano.
Violencia desde la perspectiva de género
La violencia hacia la mujer existe desde tiempos históricos muy antiguos y ha sido justificado desde el discurso argumentando
que la mujer es inferior al hombre esta idea fue creada, justificada y defendida desde el sistema patriarcal. La violencia ha
estado presente en la vida de la mujer en todas sus facetas de desarrollo. Por lo tanto, reconocerla es de suma importancia.
Se debe reconocer también como violencia la invisibilización de la mujer en el discurso y la ausencia en las ciencias, por
tanto, sin gozar de derechos, dicho de otra manera, ha padecido de violencia simbólica, ha estado expuesta a múltiples formas
de violencia incluso la más peligrosa o letal que es la muerte. Toda la violencia que ha sufrido la mujer a lo largo de la historia
ha estado justificada con el argumento que es inferior al hombre.