El 29 de octubre de 1929 se produce una caída espectacular de la Bolsa de Nueva York (índice Dow Jones), originando la Gran
Depresión de 1929. La respuesta de las teorías liberales vigentes en ese momento era esperar por una recuperación natural de
la economía (parábola de la mano invisible de Adam Smith), pero durante los cuatro años siguientes la situación económica
empeoraba sin atisbo de recuperación. Las consecuencias económicas durante estos cuatro años fueron una caída del PIB del
país de un 30%, el índice Dow Jones cayó un 75% y una tasa de desempleo que pasaba del 4% al 23%. Era obvio que las teorías
liberales de ese momento estaban erradas porque la tan ansiada recuperación no llegaba sino que la economía estadounidense
empeoraba cada vez más (Bilbao y Lanza, 2009).
La llegada al poder de Franklin D. Roosevelt en 1933 provoca cambios drásticos en la situación económica. El nuevo presidente
aprobó un programa político conocido como New Deal (Nuevo Pacto), que entre otras características incluía el incremento de
la presencia del Estado en la economía; el sector público pasa a ser la pieza clave para “generar riqueza, reducir el desempleo
e impulsar la economía” (Martínez, 2017). El New Deal sigue las recomendaciones expansivas propuestas a su vez por Keynes,
y suponen el inicio de la recuperación económica, aunque no se recuperan los niveles de 1929 hasta once años después
(Schwartz, 2009; Pintado, 2020).
Hasta ese momento las teorías liberales consideraban que la tendencia natural del mercado era avanzar hacia el pleno empleo,
planteamiento que fue discutido por Keynes. La propuesta keynesiana se basa en que la economía es cíclica (entre depresiones
y momentos expansivos), y el pleno empleo sólo se alcanzaba en condiciones puntuales, en los momentos de expansión, pero
desaparecerá en los inevitables momentos de depresión que las siguen (Oreiro et al, 2013).
En su “Tratado sobre el Dinero” publicado en 1930, Keynes ya proponía usar la política monetaria para frenar la crisis
mediante la intervención de los bancos centrales, éstos deberían intervenir de forma extraordinaria en la economía para
mantener los precios (Keynes, 1930).
En 1936 Keynes publica la “Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero”, su obra más importante, en la que destaca en
el papel del Estado como ente dinamizador de la economía. En este documento denuncia la existencia de recursos “ociosos”
(desempleados, maquinarias paradas); la propuesta de Keynes para salir de esta crisis económica pasa por incrementar el gasto
(en forma de consumo o inversión), lo que a su vez provocaría un incremento en la demanda agregada y la puesta en activo de
estos recursos no utilizados. Este incremento de gasto lo asumiría en primera instancia el gobierno; éste dinamizaría la
economía, reduciría el paro y posteriormente sería el sector privado el que reactivaría el gasto al ser beneficiario de esta primera
dinamización. En esta segunda fase liderada por el sector privado (familias y empresas) es fundamental que las tasas de interés
no suban, medida que sería establecida por el gobierno con el control de la política monetaria (Keynes, 1936).
Para explicar su propuesta Keynes utiliza el concepto de Demanda Agregada, esta sería la cantidad total de bienes y servicios
que adquieren todos los componentes de una economía durante un determinado periodo de tiempo y para el mismo nivel de
precios, en ese momento se refería a las economías nacionales porque no existían apenas procesos de integración y el comercio
internacional era mucho más reducido que en la actualidad.
Durante la Gran Depresión había un alto porcentaje de mano de obra cualificada y medios de producción sin utilizar por falta
de demanda; esta falta de demanda generaba la paralización de la economía estadounidense, incluso existiendo esta capacidad
productiva en forma de recursos humanos y materiales ociosos en ese momento. La propuesta de Keynes era incrementar el
consumo mediante políticas gubernamentales, el Estado debería realizar un esfuerzo inversor mediante el gasto público con
políticas expansivas, aumento de presupuestos públicos o el incremento de las obras públicas que dinamizarían la economía
porque conseguirían que estos recursos improductivos se pusieran en acción (Ros, 2012; Jahan, 2014).
Keynes va a presentar una crítica a la Ley de Say. Según Say toda oferta encuentra su demanda, y que sólo mediante la oferta
(producción) se va a generar demanda, es decir que un incremento de la oferta generará a su vez un incremento en la demanda
(evidentemente cuando la oferta se dirige a responder a una demanda real, no a una demanda ficticia). Keynes hace una crítica
de esta Ley de Say, reformulándola; Keynes propone el incremento del gasto público para que exista más dinero en el sistema
económico, como resultado de este incremento del gasto público las economías domésticas y las empresas disponen de más
capacidad de gasto, por lo que se producirá un incremento de la Demanda Agregada, si somos capaces de mantener el nivel de
precios (Posada, 1980).
En la Figura 1 podemos ver que cuando se incrementa la Demanda Agregada desde DA1 a DA2 con un mismo nivel de precios
de forma inmediata también aumentará la producción, y por lo tanto los ingresos del país.